Por qué la industria editorial no se puede salvar (como está ahora)
Richard Eoin Nash > Publishing Perspectives
Traducido por Henry Odell
El negocio del libro es una pequeña industria que se apoya en un hobby masivo. Pero en lugar de sentirnos felices por ello y ofrecer servicios a los aficionados, pretendemos que cada vez paguen más por los libros que permanentemente les estamos arrojando (medio millón de títulos en inglés durante el 2008 en USA). Los recortes pueden funcionar en compañías individuales, pero no en una industria; para aquellos que creen que lo mejor para nuestros clientes es poder elegir cada vez menos, han de tener cuidado con el golpe que les puede dar el portazo que los eche de esta industria, y también de esta cultura.
Hemos construido una enorme cadena de suministros para conectar a los escritores con los lectores sólo porque nos conviene a nosotros, pero lo que está claro es que no es conveniente ni para los escritores ni para los lectores. Aquellos autores que están sufriendo recortes en sus adelantos son una pequeña minoría de escritores (trabajando en cualquier idioma); no sentiremos pena por ellos, de todos modos la mayoría de ellos estaban sobre-remunerados. En lugar de utilizar la cada vez mayor cantidad de herramientas económicas y gratuitas disponibles para ofrecer nuevas formas de estructurar la relación entre el autor y el lector, estamos utilizando la tecnología para, ya sea frustrar a los lectores (ver el tema del DRM) o empujarlos, utilizando los social media para mover los producto, no para tener conversaciones.
La pregunta surge cada vez con más frecuencia: ¿se puede salvar el mundo editorial? No. Ni puede ni debería salvarse. Hay un montón de editores sin fines de lucro que existen para crear y distribuir contenidos no-económicos. La edición con fines de lucro no debe salvarse, sino que ha de buscar nuevos modelos de negocio, aquellos que ofrecen servicios tanto para escritores como para lectores y por los que estos estarán felices de pagar. No podemos estar esperando el descenso de un ‘Deus ex machina’. (En otras palabras, ni MySpace, ni Twitter, ni el precio fijo, ni ninguna nueva extensión pirata de los derechos de autor salvará al mundo de la edición. Sencillamente necesitamos hacer negocios mejores.)
¿Cuáles son esos servicios? Es prematuro ser taxativo sobre ello, pero necesitamos empezar una conversación sobre el tema y poder así escuchar qué desean los lectores. Sin lugar a dudas, los grupos de lectura es lo mejor que le ha ocurrido al mundo editorial en los últimos 30 años; ya que si la lectura solitaria, hablar sobre libros es social. Si los libros son una de las cosas que más exigen a nuestra mente que cualquier otro media, en proporción reflejan mucho más nuestra mente e identidad que cualquier otro media. Nosotros, los editores, deberíamos estar al servicio de los deseos de los lectores de comunicarse con otras personas para hablar de sí mismos, ofreciéndoles libros como base para que esa conversación se realice.
También deberemos reconocer que, cada vez más la lectura es escritura — los lectores escriben de muchas maneras, comentando libros, mezclando libros o historias como en la fan-fiction, o creándolas desde cero, y los editores, en lugar de restringir esta actividad, o esconderse de ella, deberían abrazarla y buscar maneras de estimularla.
Los libros se han ganado un lugar en nuestra civilización porque durante milenios, emprendedores arriesgados e innovadores (siempre se recuerda a Gutenmberg, pero se ha olvidado a muchos otros) ignoraron o se sobrepusieron a los obstáculos legales y culturales que pesaban sobre las nuevas tecnologías de lectura arrogados por el ‘establishment’ cultural de la época. Ahora ese momento para que esos emprendedores den un paso al frente y continúen con la gloriosa democratización-por-la tecnología de escribir y leer en la Era Digital, tal cual hicieron sus antepasados.
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[...] Pensamos que lo que hay es no sólo un replanteamiento de la cadena de valor —esa “enorme cadena de suministros para conectar a los escritores con los lectores”— sino un replanteamiento del modelo de negocio que, como tal, afecta y afectará a todas [...]
[...] Nuestro punto de vista es que el torbellino que está sacudiendo al sector de libro en general, y en España en particular, y respecto al cual hay referencias permanentes no sólo en los media especializados sino que también en la prensa, lo que precisamente está poniendo en cuestión no es un tema ni de formatos, ni de soportes de lectura, sino que está cuestionando precisamente la cadena de valor que caracteriza al modelo de negocio vigente. Recomendamos la lectura de Por qué la industria editorial no se puede salvar (como está ahora). [...]