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Conclusiones
Taller de Ideas sobre el Libro (TILO)
Madrid, 23 de Octubre de 2008
Definición de libro electrónico
Si bien resulta complicado realizar una definición exacta de lo que es un libro
electrónico, sí parece importante establecer una clara distinción entre los dispositivos
de lectura de contenidos digitales y los propios contenidos digitales. A efectos de
comunicación a todas las empresas del sector sobre este tema, será necesario
especificar claramente cuando nos refiramos a los soportes de lectura o a los
contenidos, respectivamente.
Esta distinción es importante, ya que los contenidos digitales pueden ser leídos en
distintos tipos de soportes (multiplataforma de lectura), ya sean ordenadores
personales, teléfonos móviles, PDA, o dispositivos específicos para la lectura de
contenidos (e-readers).
Los últimos modelos de estos dispositivos de lectura de contenidos digitales que se
están comercializando en el mercado (Sony Reader, Kindle, I-Liad…) han alcanzado
un grado de desarrollo tecnológico tal que permiten que la experiencia de la lectura en
los mismos, sea muy similar a la que supone leer un libro tradicional en papel.
Además, estos dispositivos de lectura cuentan con valores añadidos como son la
portabilidad, la capacidad de almacenamiento de contenidos, y si bien por el momento,
su precio es elevado (entre 300 y 600 euros, según modelos) y su batería limitada,
parece claro que el avance tecnológico incidirá en una reducción importante de precios
y en una continua mejora de las prestaciones, tal y como sucede con otros dispositivos
electrónicos.
Uno de los temas no resueltos hasta el momento es el del formato de los contenidos
digitales. Se está intentando normalizar un formato universal como es el epub, si bien
hasta el momento, es necesario digitalizar en varios formatos, según el que acepte
cada dispositivo de lectura.
La nueva cadena de comercialización del libro digital
La comercialización de estos nuevos soportes y de los contenidos digitales para
alimentarlos, genera un nuevo escenario en la cadena de comercialización, en la que
deberán posicionarse los actuales agentes que conforman esta cadena.
Asimismo, es importante destacar, que algunos nuevos agentes se incorporarán a esta
cadena de valor, tales como fabricantes de dispositivos de lectura, empresas que
digitalizan contenidos, operadores de comunicaciones e incluso agencias publicitarias.
El desarrollo de la nueva cadena de valor del libro implica analizar qué rol
desempeñará cada agente que interviene en la misma, así como las nuevas
estrategias que deberán plantearse para la venta de libros. En este sentido, será
necesario plantear un modelo distinto de marketing para la venta de libros electrónicos
(producto, precio, promoción y distribución)
Si bien, se considera que en ningún caso, esta nueva fórmula de comercialización de
contenidos, sustituirá en un corto plazo a la venta y lectura de libros físicos. Se
entiende que durante un plazo amplio de tiempo convivirá la venta de libros físicos y
de libros digitales, planteándose opciones interesantes desde el punto de vista del
marketing que puedan reforzar la venta de ambos productos. Será necesario analizar
las posibilidades de complementarse de los mercados de libros físicos y de libros
digitales, para fomentar la venta conjunta.
El punto de vista del editor
Un tema clave, desde el punto de vista editorial, es el de la gestión de los derechos de
autor para contenidos digitales, ya que en muchos casos, los editores no mantienen
bajo contrato con los autores respectivos, la propiedad de estos derechos. Convendrá
incluir en todos los contratos futuros, tanto la gestión de los derechos para la
comercialización de libros físicos, como para la de contenidos digitales.
Otra de las cuestiones que plantean actualmente los editores españoles, es que no
desean incurrir en gastos adicionales para digitalizar sus fondos, cuando todavía no
existe un mercado estructurado y estable para la demanda de este tipo de contenidos.
Se considera que un posible punto de partida para la creación de esta demanda,
puede ser el momento en el que se comiencen a distribuir masivamente los
dispositivos de lectura (llegada de Sony Reader al mercado español prevista para
2009).
Otro de los grandes problemas para el editor, y para toda la cadena de
comercialización de contenidos digitales, es el de la piratería, factor que ha
condicionado de forma extrema la cadena de valor de otros sectores culturales que
también han vivido recientemente la creación de una nueva forma de comercialización
de contenidos digitales. El caso más claro es el de la industria de la música. Es
importante destacar que la comercialización de cualquier contenido a través de
Internet debe enfrentarse al concepto de gratuidad en el acceso a la información y a
los contenidos, principio muy asentado en los usuarios de la red. A este respecto,
serán necesarias iniciativas legales estrictas que persigan una actividad como la
piratería de contenidos, que genera un grave deterioro de toda la industria cultural.
En relación a la gestión colectiva y a la explotación secundaria de las obras, CEDRO
tendrá que autorizar los usos de las obras digitales en las instituciones educativas,
empresas e intranets de forma que la compensación por el uso parcial de las obras en
el ámbito digital se realice de forma semejante al ámbito analógico, respetando
siempre los contratos individuales a que lleguen los titulares de las obras. Asimismo
CEDRO dispondrá los medios necesarios para controlar los usos ilegítimos en la red.
Finalmente, cabe destacar que el mercado editorial para la comercialización de
contenidos digitales, se diferenciará claramente en dos segmentos: libro educativo /
técnico y resto de libros de consumo. Cada segmento establecerá sus propias
fórmulas de comercialización y marketing editorial. También será diferente en cada
caso el papel de los distintos agentes que intervendrán en la nueva cadena de valor
del libro digital.
El punto de vista de la cadena de comercialización
En el marco de la creación de esta nueva cadena de valor del libro digital, tanto
distribuidores como libreros deberán analizar cual es su posición en la misma.
En el caso del sector distribuidor, teniendo en cuenta la experiencia de otros países,
en varios casos reseñables, los distribuidores tradicionales han ofrecido al editor un
servicio de valor añadido como es la digitalización de sus fondos para, además de
seguir siendo su distribuidor de libros físicos, poner a disposición del editor su
“almacén de contenidos digitales” y fomentar la comercialización y explotación de esos
contenidos a través de diferentes opciones (libro electrónico, print on demand…). Los
ejemplos de Ingram Digital o Libri inciden en esa línea.
Asimismo, la experiencia de otros países, también muestra como los editores prefieren
que sus contenidos digitales sean distribuidos por un agente independiente (un
distribuidor de contenidos digitales), y no por una estructura de distribución propiedad
de otros editores. El ejemplo más claro es el de Numilog en Francia, tras su compra
por parte de Hachette Livre.
Las librerías también tendrán que posicionarse en lo que refiere a la venta de los
dispositivos de lectura (tenemos ejemplos recientes de Fnac en Francia, Waterstones
en Gran Bretaña o Thalia en Alemania), así como en la propia comercialización de los
contenidos digitales (también es paradigmático el ejemplo de las cadenas de librerías
antes citadas).